Imagen realizada con Inteligencia Artificial
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Por Armando Rodríguez Barraco
26 de septiembre de 2026
«Yo no estoy contra la razón: sólo quiero reconocer
la forma que ha adoptado».
(Adorno y Horkheimer 2007, 258).
En el primer artículo de esta trilogía recuperamos algunas ideas de Adorno, Horkheimer y Habermas en torno al proyecto moderno y a la promesa de progreso fundada en la racionalidad con arreglo a fines. Vimos cómo esa promesa, lejos de cumplirse sin fisuras, arrastra desde su origen una tensión entre el sujeto y aquello que la razón busca dominar —la naturaleza, el otro, el mito— que los autores de la Escuela de Fráncfort supieron identificar con particular lucidez.
En esta segunda entrega nos detendremos en esa tensión: abordaremos la crítica de la razón instrumental, tomando como eje principal la obra homónima de Horkheimer. Veremos cómo una razón comprendida como mismidad, reducida a mero instrumento de dominio, termina volviéndose contra sus propias promesas emancipatorias; y cómo esa misma técnica que promete progreso para todos se distribuye, en los hechos, de manera desigual, condicionada por el sistema económico que la sostiene. Este recorrido nos dará las herramientas necesarias para, en el tercer y último artículo, pensar sus resonancias en los desarrollos actuales de la inteligencia artificial.
Crítica de la razón instrumental
«…la humanidad, en lugar de alcanzar un estado
verdaderamente humano, se hunde en una nueva
forma de barbarie».
(Adorno y Horkheimer 2007, 11).
El proyecto moderno y su promesa de progreso se fundamentan en la razón. Una razón comprendida como mismidad, como identidad. Una razón que también es poder y que tiene por vocación dominar y subsumir dentro de ella a todo lo que es diferente a ella. Es más, es una razón que ha potenciado su desarrollo técnico e instrumental en detrimento de otro tipo de racionalidades para hacer posible su autoconservación y su expansión o dominio, ya sea de la naturaleza o del propio sujeto humano, como mencionamos en el punto anterior. Nos dicen Adorno y Horkheimer, «La racionalidad técnica es hoy la racionalidad del dominio mismo». (Adorno y Horkheimer 2007, 134).
En su Crítica a la razón instrumental, Horkheimer nos dice que, «en el momento de su consumación, la razón se ha vuelto irracional y tonta. El tema de esta época es la autoconservación, no habiendo ya, sin embargo, yo alguno que conservar». (Horkheimer 2010, 143) Durante el proceso de racionalización del mundo en pos de la promesa de progreso de la humanidad, el sujeto mismo ha sido objeto de represión y dominación, de reificación, debilitando al mismo tiempo el propio concepto de razón que queda a merced del error, la falsedad y la manipulación ideológica. (cf. Horkheimer 2010, 61).
«La reducción de la razón a mero instrumento va en última instancia en menoscabo incluso de su carácter instrumental. El espíritu antifilosófico, que no puede separarse del concepto subjetivo de razón y que en Europa culminó en las persecuciones totalitarias de los intelectuales, tanto si eran pioneros suyos como si no, es sintomático de la degradación de la razón». (Horkheimer 2010, 84)
Vaciada de sentido y reducida a «mero instrumento», la razón queda signada y determinada por «lo otro de la razón», esto es, por el poder. Y lo que los seres humanos quieren aprender de la naturaleza y de los demás seres humanos es la manera de servirse de ellos para dominarlos por completo. (cf. Adorno y Horkheimer 2007, 20).
El hombre comenzó a ser comprendido como individuo cuando la muerte cobró un aspecto total e inexorable y la vida se convirtió en un valor insustituible y absoluto, cuando el ser humano abandonó la fe pero mantuvo los principios creados por la tradición religiosa. Principios tales como el de individualidad, creado por el cristianismo, pero vaciado de todo significado. (cf. Horkheimer 2010, 150) Al mismo tiempo, la modernidad con su promesa de progreso redujo al sujeto a la condición de mero instrumento de represión, (cf. Horkheimer 2010, 169) ya sea de la naturaleza, de otros sujetos, o de sí mismo.
En Dialéctica de la ilustración sus autores señalaron que este proceso es inseparable del progreso social en el que el aumento de la productividad, consecuencia del dominio tanto de la naturaleza como del mismo hombre, crea por un lado un mundo más justo y al mismo tiempo, por el otro, genera una inmensa injusticia propiciando la superioridad de unos seres humanos por sobre otros a partir de la disposición y acceso al «aparato técnico». (cf. Adorno y Horkheimer 2007, 14)
«Los reyes no disponen de la técnica más directamente que los comerciantes: ella es tan democrática como el sistema económico con el que se desarrolla. La técnica es la esencia de tal saber. Éste no aspira a conceptos e imágenes, a la felicidad del conocimiento, sino al método, a la explotación del trabajo de otros, al capital». (Adorno y Horkheimer 2007, 20).
La técnica es tan democrática como el sistema económico con el que se desarrolla, pero no está al alcance de todos de igual forma. Más aún cuando ha adquirido tales niveles de especialización como los arribados en la actualidad, determinados y condicionados por el propio sistema y los intereses económicos que lo sustentan.
Continúa en el artículo: Razón instrumental e inteligencia artificial 3: El mito de la inteligencia artificial.
BIBLIOGRAFÍA de la serie completa
Adorno, T., and M. Horkheimer. 2007. Dialéctica de la ilustración. Madrid: Akal.
Habermas, Jürgen. 2008. El discurso filosófico de la modernidad. Buenos Aires: Katz.
Horkheimer, M. 2010. Crítica de la razón instrumental. Madrid: Trotta.
Larson, E. 2024. El mito de la inteligencia artificial: Por qué las máquinas no pueden pensar como nosotros lo hacemos. Barcelona: Shackleton.
Cómo citar este artículo:
Rodríguez Barraco, Armando. 2026. "Razón instrumental e inteligencia artificial 2: Crítica a la razón instrumental." Rodríguez Barraco (sitio web), 26 de septiembre. https://www.rodriguezbarraco.com.ar/artículos/razón-instrumental-e-inteligencia-artificial-2-crítica-a-la-razón-instrume.